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miércoles, 9 de diciembre de 2009

19 días y 500...

Hemos recorrido verdes que no ha visto nadie, dormido entrelazados en cualquier rincón, soñado que viajamos entre antiguos autos, compartido tanto tiempo en tan poco espacio... nos hemos hecho el uno al otro sin saber cómo ni cuándo. Nos hemos construido atardeceres, compartido recuerdos que hemos hecho nuestros... hemos descubierto que un nosotros se esconde en un beso, en un dormir casi a la intemperie, en buscarle la sonrisa al día a día y en no cansarnos el uno del otro...
En 19 días se nos ha hecho el mundo... y nunca nada pudo ser más perfecto.
Por tantas horas, por las que espero que nos queden por compartir: gracias.

martes, 30 de junio de 2009

QUINCE EN UN SEGUNDO

Quizás nadie sepa la importancia del insignificante movimiento que, aparentemente, puede ser abrir una puerta.
Sin embargo, aquel primer día que entramos en aquel lugar que pronto se convertiría en nuestra casa, nuestro refugio y, por qué no, nuestra perdición.
Abrir una puerta no es sólo dejar atrá miedos y recelos, sino abrirse a uevas experiencas, a amigos que más tarde pueden convertirse en compañeros, en enemigos o en amores, una puerta abierta es un hueco pr el que la esperanza dormida y los sueños se abren a la luz de nuestros ojos y nuestras almas.

...

Soñaban las nubes que llovía sobre las cabezas de aquellos que, bajo el sol, buscaban una sombra amiga. Dentro de aquel piso, mudo apartamento, cuatro jóvenes trataban de pasar las horas calurosas como mejor podían. Las ventanas abiertas, abanicos en movimiento, cortinas corridas y juegos o películas en la televisión. Entre cada uno de ellos una separación considerable intentando mitigar el sofocante bochorno de la tarde.
Unas llaves que suenan, y la puerta se abre, la incógnita del descoocido que surgirá tras ella, miradas curiosas, abanicos quietos, silenciosa la sala y una simple puerta que desvelará el misterio.

viernes, 19 de junio de 2009

QUINCE EN UN SEGUNDO

Las luces dormidas y ebrias caían sobre la ventana abierta. Y, desde otra, una luz tenue y carmesí lanzaba suaves destellos hacia el edificio de una institución pública. El jolgorio se respiraba en las calles de aquella ciudad violeta de sueños entre sombras de historia y efluvios de un dios antiguo de nariz y mejillas sonrosadas.
Dentro, en una habitación de tonos celestes, un grupo de jóvenes brindaba por la vida mientras unos gastados naipes, sucios y trabajados inundaban la mesa entre las botellas y algunos charcos de alcohol.
En el cuarto contiguo otro pequeño grupo empleaba las horas en emular a grandes músicos de rock frente al televisor.
Sonó el timbre y uno de ellos se levantó. Se produjo el usual intercambio. “¿Quién es?... Ahora te abro”. Pulso el interruptor de la puerta de abajo y dejó entreabierta la de arriba. Al poco, una luz. Pasos. Risas. El portón que se abre. Diez cabezas que guardan silencio y observan curiosas.
Un día más en la vida.