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lunes, 8 de julio de 2013

Flacas

Ver las fotos de esas niñas tan delgadas, de esas jóvenes de escoba y suspiro entre las carnes, de alguna amiga tan hermosa pero tan etérea que te recuerda a aquello de la vita brevis.
Verlas pasearse ufanas sobre unos tacones más altos que tus piernas mientras evitas las minifaldas sin medias  o los vestidos con la espalda al aire que se han de llevar sin sostén.

Sentirse perdida en un mar de sirenas.

Recordar tu nombre. Empezar a nadar, aunque a veces sea contra corriente. Sacar del armario los escotes, lucir caderas y pensar que mejor saber que exista donde agarrarse cuando la tierra tiemble a que el aire se te lleve como una hoja seca.

Y pensar, por último, que, ¡pobrecitas!, con esas caderas el futuro se les abrirá camino a trompicones entre las piernas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Estaciones en tránsito


He pensado en todas aquellas estaciones que he pisado. En las estaciones de autobús, en los aeropuertos, en las estaciones de metro, de tren, en los puertos... He pensado y recordado todas las despedidas, los abrazos, algunos besos, las partidas viendo cómo te dicen adiós con la mano mientras piensas en cuándo volverás a ver esos ojos, a oír el sonido de aquellas voces; las llegadas, a veces sabiendo que alguien aguardaba, a veces sólo el viento llegaba a tu encuentro.
He pensado en todas mis estaciones, mis estaciones en tránsito, en lo que me gusta viajar, sobre todo en autobús, ver a los otros, que llegan, se esperan, se abrazan, esos momentos previos, el dejar una parte de ti cada vez que te marchas y no recuperarla nunca.
He pensado, recordado, abrazado esas frías memorias, vacías de calor y lejanas. Un palpitar inquieto, como el traqueteo de un tren, ha aparecido súbito al verme siempre en tránsito.